Puebla, Pue., 11 de agosto de 2008

 
 

Boletín No.  44/2008

 

“DÍA INTERNACIONAL DE LAS POBLACIONES INDÍGENAS”.

  • CDH-Puebla reflexiona sobre las raíces indígenas en nuestro Estado.

El Programa de Atención Indígena de la Comisión de Derechos Humanos (CDH) del Estado refiere que el 9 de agosto se conmemoró en todo el mundo, el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas, pero ¿a que pueblos se les considera pueblos indígenas? a todos aquellos cuyas condiciones sociales, culturales y económicas les distingan de otros sectores de la colectividad nacional, y que estén regidos total o parcialmente por sus propias costumbres o tradiciones, o por una legislación especial, por el solo hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización y que, cualquiera que sea su situación jurídica, conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.

México ocupa un lugar importante, en lo que a pueblos indígenas se refiere, pues se cuenta con una población de aproximadamente 10 millones de personas que pertenecen a un grupo étnico, por lo que en este día hay que reflexionar sobre nuestras raíces indígenas. Brevemente veamos cual ha sido la historia de estos pueblos.

Lo que se conoce como imperio azteca era más bien una confederación flexible de ciudades-estado con situaciones políticas muy diversas. Esta confederación de ciudades englobaba una gran cantidad de poblaciones caracterizadas por lenguas muy diferentes. Las ciudades de la región central estaban formadas por pueblos esencialmente nahuas y otomíes. Al noroeste estaban los huastecos, los totonacas, los mazatecos; al sureste, los tlapanecas, los cuiclatecas; al oeste los mazahuas y los matlazincas. La consolidación de esta confederación de ciudades por los mexicanos, que ejercían su hegemonía sobre pueblos muy variados, creó una clase dirigente compuesta por el tlatoani o señor supremo, los guerreros, los sacerdotes, los funcionarios y los comerciantes, o sea, los pochtecas, que comenzaron a disfrutar de privilegios importantes. Sin embargo, al margen de las ciudades en apogeo, el campesino nahua, otomí, zapoteca o mixteco, seguía haciendo su vida. Ellos eran los macehualtin, miembros de una comunidad campesina, y tenían derecho a usufructuar de un terreno en el cual levantaban su casa y de una parcela para cultivar. Los espacios territoriales recibían el nombre de calpulli, lo que hoy se conoce como comunidad indígena o localidad, cuya organización sociopolítica estaba configurada por una división territorial, barrio o, a veces, una unidad basada en el parentesco.

Los indígenas nacen con la conquista, en la medida que esta palabra se refiere a situaciones históricas en las que aquellos, se encuentran ante la presencia de poblaciones alógenas. El afán de lucro, las necesidades del comercio y los imperativos de la emigración en lo inmediato van a traducirse en sangrías demográficas en las que se mezclan el genocidio y etnocidios. La religión era un factor importante, y la Corona justificaría su empresa con la misión de convertir al catolicismo a los indígenas naturales. Los evangelizadores se entregaron en cuerpo y alma a sustituir enteramente el sistema de creencias, lo que significaba en última instancia un cambio social total, la ley apoyó incondicionalmente esta cruzada, castigando duramente a los rebeldes. Los indígenas demostraron su gran capacidad de adaptación y realizaron un auténtico sincretismo entre sus creencias y las de los españoles. Cristo, la Virgen María y los Santos pasaron a regir las actividades que antes favorecían Quetzalcóatl y los demás dioses. Una vez consumada la Conquista de México-Tenochtitlan, el territorio adquirió un nombre geográfico: la Nueva España, que sería aplicada políticamente al reino en el centro del país y también al virreinato con una jurisdicción mayor que abarcó a otras. El siglo de la Conquista se caracteriza por los hechos militares más importantes, por el proceso de evangelización y el establecimiento de las primeras Instituciones en la Nueva España.

Tras el periodo de los descubrimientos y de la Conquista, las expediciones se orientan a poblar. La creación de pueblos había sido ya propuesto en 1516 por Bartolomé de las Casas: “pueblos de indios de trescientos habitantes, supervisados por un cacique, un administrador laico español y un misionero”. Años después, los franciscanos adoptaron y adaptaron esta idea en la Nueva España. Estos pueblos tenían una plaza y mercados públicos, una iglesia, una escuela, una alcaldía, una prisión y una posada para los viajeros.

Con el advenimiento de la independencia, los indígenas adquirieron las libertades y los derechos de los demás sectores de la población, pero en muchos casos fueron también objeto de leyes y reglamentos especiales, que los mantuvieron en situación de marginación e inferioridad con respecto a la población mestiza y blanca.

Al fundarse la República, en 1825, se les otorgó, al igual que a todos los ciudadanos, el derecho de ser iguales ante las leyes y, de ese modo eliminar las diferencias establecidas durante los tres siglos que duró la Colonia. Desde la óptica de los pueblos indígenas, este principio de igualdad negó la posibilidad de que sus culturas tuviesen su propio desarrollo cultural y económico. El periodo 1810-1910 fue trágico para los indígenas de México: con la privatización o desamortización de tierras, el liberalismo destruyó más comunidades indígenas que la colonización española en tres siglos. Frente a los nuevos enemigos, los indígenas tuvieron que defenderse para la preservación del fundamento cultural del derecho consuetudinario: la tierra colectiva.

Con la Revolución Mexicana de 1910 se modificó parcialmente esta relación con el artículo 27 de la Constitución de 1917, al reconocerles los derechos colectivos sobre sus tierras, es decir, que muchos pueblos pudieron recuperar sus territorios ancestrales, el problema aquí es que no se les reconoció personalidad jurídica como etnias. Después de ver brevemente como ha sido la historia de nuestros pueblos indígenas, nos damos cuenta de la importancia que son para nuestro país, por lo que a pesar de los reconocimientos que se han dado en los últimos tiempos en la ley a estos pueblos, el mejor reconocimiento es el que hagamos todos los mexicanos conociendo, respetando y valorando a estos pueblos. 

 
     
     
     

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