Al referirse a la familia,
imaginamos a un grupo de personas que, además de estar unidas por el
parentesco, se protegen y ayudan por el afecto, respeto y principios
morales que recíprocamente se proporcionan por vivir circundados a
un punto central común que son los padres.
Hablar de la familia es mencionar a
la niñez, la mujer, los enfermos, los incapaces, los discapacitados,
los ancianos; siendo de interés público la protección de todos y
cada uno de los integrantes ésta, contra toda forma de prejuicio,
abuso, maltrato físico o mental, descuido, atención negligente o
explotación que vulneren su derechos humanos.
El Código Civil de nuestro Estado de
Puebla, en el Libro Segundo correspondiente a la Familia, menciona
entre otros derechos, que: “todo individuo tiene derecho a
desarrollarse y ser educado dentro de su propio ámbito familiar,
bajo la custodia y cuidado conjunto de sus progenitores; los
integrantes de la familia tienen derecho a que los demás miembros
respeten su integridad física y psíquica, de manera que no afecte su
sano desarrollo individual ni su plena incorporación al núcleo
social”.
En nuestros días es vergonzoso
apreciar que los valores de respeto y protección que se deben
aprender dentro del seno familiar, se están perdiendo esas
convicciones profundas de los seres humanos que determinan su manera
de ser y orientan su conducta con el respeto profundo a su dignidad,
se han deteriorado.
Los DERECHOS HUMANOS, son los
atributos inherentes a la dignidad de la persona, que el Estado está
en el deber de respetar, garantizar y satisfacer y la dignidad es la
base esencial en la que descansa el respeto de estos derechos,
deriva del adjetivo latino “dignus”, que se traduce por "valioso";
es el sentimiento que nos hace sentirnos valiosos, sin importar
nuestra vida material o social. Se basa en el reconocimiento de la
persona de ser merecedora de respeto, sin importar la raza, sexo,
idioma, religión, opinión política, origen nacional o social,
posición económica, etc.
Al reconocer y tolerar las
diferencias de cada persona y cada miembro de la familia, para que
ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia
dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a sí mismo y a
cualquier otro ser.
Y cito a la dignidad como fundamento
del núcleo familiar, porque ésta es el resultado del buen equilibrio
emocional; a su vez, una persona digna puede sentirse orgullosa de
las consecuencias de sus actos y de quienes se han visto afectados
por ellos, refuerza la personalidad, fomenta la sensación de
plenitud y satisfacción y ésta debe concebirse en la familia y
hacerla crecer para que fructifique en hombres y mujeres sanos,
honestos, con salud emocional y que pueda solidarizarse e
interrelacionarse con las personas que los rodean.
La familia, por su misma naturaleza,
es sujeta de derechos, es el elemento fundacional de la sociedad
humana y la fuerza más necesaria para el desarrollo pleno de la
persona humana, conserva todo su valor, no obstante los cambios que
durante la historia la han afectado; es más que cualquier otra
realidad social, el ambiente en que el hombre puede vivir "por sí
mismo" a través de la entrega sincera de sí; por esto, es una
institución social que no se puede ni se debe sustituir, es: "el
santuario de la vida".
El aporte específico que el padre y
la madre ofrecen, por su trabajo, a la sociedad, debe ser
reconocido. Lo que la madre aporta a la familia y, por medio de
ella, a la sociedad es digno de la mayor consideración y por otro
lado, ha concitado la atención de algunos de los pensadores más
distinguidos de nuestra época. Esta contribución específicamente
maternal se constata evidentemente en el campo de la educación, de
la salud, de la instrucción, de la formación religiosa y de todas
las actividades que afectan al bienestar de la familia y de sus
miembros; por supuesto, la insistencia en el aporte de la madre no
debe eclipsar la importancia de la contribución específica del
padre; ambos aportes son complementarios.
Dentro del seno familiar y bajo la
protección del Estado encontramos entre otros:
El Derechos a la Integridad,
Dignidad y Preferencia; para tener una vida con calidad y calidez,
al disfrute pleno sin discriminación, a una vida sin violencia;
respeto a la integridad física, psicoemocional y sexual, protección
contra toda forma de explotación, vivir en entornos seguros, dignos
y decorosos.
Derecho a la Certeza Jurídica, esto
es, que reciban el trato digno y apropiado en cualquier
procedimiento judicial que los involucre, ya sea en calidad de
agraviados, indiciados o sentenciados, recibir asesoría jurídica en
forma gratuita, testar sin presiones ni violencia.
Derecho a la vida, libertad, salud,
alimentación, educación, al trabajo, la asistencia social, a la
participación, a un ambiente adecuado, entorno familiar y otro tipo
de tutela.
Concluyo diciendo, que la familia es
la primera educadora de los seres humanos y su función principal es
enseñar a los integrantes de la misma los valores a través del amor,
comunicación y aplicando el binomio Información-Formación, para
crear seres humanos valiosos, que sustenten a su vez, estructuras
familiares sólidas.
“La
paz y la armonía constituyen la mayor riqueza de la familia”.
Benjamín Franklin.