Page 179 - Panorama general de los linchamientos en Puebla_online
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A lo anterior se ha de considerar, desde Arendt, que tanto los estándares
legales, como las exigencias morales, se circunscriben siempre a personas jurídicas
individuales. Incluso cuando una persona está involucrada en el crimen organizado
o en actividades de asociación delictuosa, los procesos judiciales siempre se
concentran en la persona y en su responsabilidad legal individual. El ámbito judicial
no decide sobre la culpa colectiva de una organización. Sean miembros de un grupo
delincuencial o del ejército, siempre se encuentran como individuos ante un/una
juez/a. El encanto de la maquinaria (Reguillo, 2021) interrumpe tanto la culpa como
la responsabilidad por su carácter sistémico y parece prescindir de que los actos los
siguen cometiendo los seres humanos. Los crímenes sistémicos de siglo XX y los del siglo
XXI, no son resultado inevitable de la modernidad o el capitalismo, sino en la toma de
posiciones políticas, morales y epistémicas. Tanto las condiciones históricas, políticas,
sociales y anímicas, como las experiencias de la libertad de los seres humanos, son
las que orientan el sentido de las acciones. El gran desafío de la humanidad siempre
ha sido la determinación de la contingencia de las acciones humanas, incluso en los
sistemas más férreos existen posibilidades de resistencia, denegación, de desvío de
las normativas sociales y colectivas.
La culpa implica un asentimiento de la criminalidad del acto realizado. Donde
acto y sujeto se anudan se desvanece completamente el crimen colectivo. Cuando
las personas son investigadas, juzgadas y sancionadas por un linchamiento no son
criminales en el sentido común del término; son personas comunes, vecinos y vecinas,
que asintieron la colaboración en un acto criminal. Por ello, no cabe comprender
el linchamiento desde la banalidad del mal arendtiana (Zarate De Escartin, 2016;
Estrada, 2007; Arendt, 2019), en tanto que en el acto la colaboración se mantiene a
distancia del acto, mientras que en el linchamiento se produce una apropiación del
espacio de linchamiento mismo. En la consideración banal, existe una secuencia de
órdenes que se obedecen de manera tranquila, con más o menos entusiasmo, sin
emociones mayores, y se colabora por la simple razón de que se ordena hacerlo; en
el linchamiento los ánimos son más intensos, hay una participación plural de acuerdo
de los distintos actores, y se colabora por la convicción de resguardar una instancia
fundamental del orden colectivo, sea la familia, la propiedad o la institucionalidad
del orden normativo (Dahbar, 2017).
En El pensar y las reflexiones morales (Arendt, 1995) se postula que no se
requiere un mal corazón para causar un gran daño, en tanto que la mayoría de
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